A comienzos de junio, fuimos parte del Creative Bureaucracy Festival (CBF 2025) en Berlín, un encuentro que se consolida como espacio de convergencia para quienes creemos que la innovación no es un lujo para tiempos estables, sino una necesidad para navegar la complejidad institucional contemporánea. Este año, fuimos partners de implementación y llevamos el podcast al centro del festival, creando una edición especial en formato itinerante con entrevistas en el evento y donde conectamos con distintas voces de Iberoamérica.
Planteamos tres preguntas clave con base en el debate del CBF2025: ¿Qué significa innovar desde la policrisis? ¿Cuáles son las nuevas reglas del juego para la colaboración público-privada? ¿Puede la innovación pública sostener a la democracia cuando esta tambalea? A partir de las respuestas, este episodio se transformó en una cartografía de reflexiones y análisis de posibilidades desde nuestro lado del mundo.
Aprender a innovar en la policrisis como punto de partida
Hablar de policrisis no es hablar de un concepto nuevo para Iberoamérica. Lo que en otras zonas empieza a ser reconocido como una condición sistémica de crisis superpuestas, en nuestra región ha sido, durante décadas, el terreno cotidiano desde donde se ha intentado sostener lo público. Es una condición con vaivenes de relativa permanencia. Es precisamente este escenario el que ha moldeado una forma propia de innovar: desde las grietas, con recursos limitados, restricciones formales e informales, pero con una enorme capacidad de ingenio, adaptabilidad funcional y creatividad institucional.
Esta normalización de la crisis, como apuntaba Sarah Chávez (Hertie School Policy Lab, Alemania), ha hecho de la región un "laboratorio de resiliencia". En su visión, esto redefine el rol de la innovación: ya no se trata de anticipar la crisis, sino de habitarla y entender las reglas de juego en un entorno altamente volátil. En esta lógica, la innovación pública en nuestras regiones no solo busca eficiencia o mejoras de calidad de vida, sino también validar aspiraciones particulares de qué entendemos por desarrollo y bienestar. No hay modelo único de innovación pública, y la policrisis obliga a hacernos cargo de esa diversidad y complejidad.
En esta línea, Tatiana Fernández (Generalitat de Catalunya, España) nos recordó que muchas de nuestras instituciones están atrapadas en silos que las vuelven disfuncionales ante problemas complejos. Y es que esos silos castigan directamente al ciudadano y su bienestar. Su llamado a integrar pensamiento sistémico a la acción local resuena especialmente en el CBF2025, donde se llama a la articulación comunitaria y territorial en oposición a lógicas fragmentadas y tradicionales.
Evangelización de ida y vuelta: el nuevo pacto público–privado en Iberoamérica
La colaboración público-privada en América Latina vive un momento de redefinición. Durante muchos años, la relación entre ambos sectores estuvo mediada por la desconfianza, la poca claridad regulatoria, la tercerización acrítica o las lógicas de bandos. Pero hoy, el auge de GovTech como ecosistema y modelo de colaboración, y la emergencia de nuevos actores sociales y tecnológicos abren una ventana de oportunidad: pensar alianzas desde la complementariedad, la co-creación y el impacto compartido.
No se trata solo de abrir espacios al sector privado, sino de rediseñar las condiciones para que el Estado interactúe con él como un actor con tracción estratégica, capaz de sostener su rol rector, garantizar el interés público y exigir valor. Como menciona Alejandra Díaz (Municipalidad de Camden, Reino Unido), el sector público debe aprender a hacer mejores preguntas, poner condiciones y operar con criterio. Solo así se puede extraer lo mejor del sector privado y, al mismo tiempo, retarlo a elevar sus estándares de acción.
Jimena Aucique (Colombiana, GovTech Latam del BID Lab) enfatizó la necesidad de construir confianza y relaciones donde ambas partes ganen. Hay que abandonar lógicas extractivas y de conveniencia unilaterales y avanzar hacia esquemas de corresponsabilidad incremental. Esto es, cada quien asumir su rol en el proceso de creación de valor público. Agustín Long, (Universidad de la República, Uruguay), sumó un enfoque clave: la universidad como aliada del ecosistema GovTech y como espacio de prueba, prototipado y transferencia de conocimientos y prácticas. Estas instituciones pueden adaptarse a formas más experimentales de relación con el Estado, desde donde puedan surgir startups, soluciones abiertas y capacidades anidadas en lo local.
En este nuevo pacto, el valor no está en la escala, sino en la capacidad de responder a problemas públicos reales con inteligencia contextual, entender las operaciones público-privadas y donde la tecnología es clave para darle vuelo a ese pacto.
Innovar para proteger la democracia (y democracia para innovar)
Una de las preguntas más potentes que dejamos abierta en Berlín es sobre el círculo virtuoso entre innovación y democracia. Pueden existir soluciones tecnológicas o mejoras operativas, pero sin instituciones democráticas, sin transparencia ni legitimidad, se corre el riesgo de consolidar lógicas autoritarias, profundizar desigualdades y erosionar el pacto social.
Estamos en un momento crítico. El último Latinobarómetro evidencia una caída sostenida de la confianza en el modelo democrático. En este contexto, la innovación pública tiene una tarea urgente: reconstruir el sentido de pertenencia y dignidad a la ciudadanía y todos los actores en conjunto. Que estas alcancen y que transmitan presencia a la ciudadanía; “aquí estamos, te vemos y solucionamos”.
Como dice Federico Vaz, (Agencia Nacional de Innovación e Investigación - ANII, Uruguay y Royal College of Art, Reino Unido): la innovación ya no es una opción. Si el Estado no se reinventa, perderá su legitimidad y su capacidad de ofrecer valor. Y ese vacío lo ocuparán otros actores con otras lógicas posiblemente menos democráticas. Mariana Lavín, (Chilena en Better Politics Foundation, Alemania) subrayó la importancia de formar liderazgos adaptativos con capacidades diferenciadas según el tipo de función y trayectoria profesional-experiencial de los funcionarios. Ella nos indica que “no se puede exigir lo mismo a un técnico de carrera que a un político electo, pero ambos deben poder innovar desde su lugar”.
Luis Felipe Álvarez (Costarricense en el Copenhagen Institute for Futures Studies, Dinamarca) aportó una mirada de escala global: si las democracias fallan en representar y proteger, también fallará el multilateralismo y, con ello, las posibilidades de escalar innovaciones públicas en clave global.
Cinco ideas desde Berlín
La policrisis es el contexto. En América Latina se innova desde la urgencia, no desde la estabilidad.
Las alianzas público-privadas deben construirse desde la confianza, el interés mutuo y la agencia del Estado. No hay colaboración efectiva sin reciprocidad ni co-responsabilidad.
La innovación pública debe ir más allá del delivery, debe reforzar el mensaje democrático. Innovar es también redefinir el pacto con los ciudadanos y los distintos actores.
Lo local es un espacio privilegiado para el ensayo institucional, pero necesita conectarse a escalas mayores. Se requieren espacios de prueba públicos, público-privados y también desde la academia. Estos últimos juegan un rol clave en conectar y traducir ambas dinámicas.
Hacia dónde vamos
Los desafíos que enfrentan nuestras instituciones no admiten soluciones lineales. La complejidad se ha instalado como condición estructural del presente, y la innovación pública debe responder con visión, no solo con reacción. La experiencia iberoamericana en contextos de policrisis nos obliga a dejar de mirar la innovación como una herramienta técnica. Es una estrategia técnico-política de sostenibilidad democrática a través de soluciones para el bienestar y para recuperar la promesa de lo público para todos los actores. Por ello, el reto no está solo en innovar, sino en consolidar una infraestructura de innovación pública que permita sostener estos procesos más allá de los proyectos, los ciclos políticos o los entusiasmos momentáneos.
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